Azul, me gusta mucho el color azul.

domingo, enero 22

Pequeñas burbujas salían de sus gafas de buceo, haciéndole cosquillas en las mejillas. Sonrió, a la vez que intentaba controlar su pelo, que se movía haciendo pequeñas olas. Un pececito negro pasó frente a ella, mirándola con una expresión que a ella le pareció curiosa. Movió los brazos lentamente, intentando no hundirse más. Se despidió con una mano del pececito y de otros muchos que se habían ido ubicando a su alrededor sin acercarse, por puro temor. Aunque lo hacía cada día, aquellos pequeños pececillos no se acostumbraban a la presencia de Lilit.

Los visitantes del acuario la miraban desde el exterior del cristal, algunos con envidia y otros con miedo. A ella le encantaba. Ni tan sólo el hecho de que allí dentro hubiera tiburones le asustaba, pues estos, a pesar de las cosas que siempre se había dicho de ellos, eran tranquilos y vulnerables.

Sus ojos azules contemplaron la piscina desde la profundidad de esta, de un lado a otro, buscando al pez que se había quedado atrapado bajo unas pequeñas rocas blancas y redondas que formaban parte del decorado. Dio un par de brazadas y se colocó en el centro del acuario, girando sobre sí misma. Por fin lo vio, en una de las esquinas y bajo aquellas piedrecitas; un pez payaso, todavía pequeño. Su cola había quedado atrapada entre dos de las piedras blancas. Se acercó nadando hasta allí y las levantó, dejándolo libre. Este nadó un par de veces a su alrededor, y Lilit pensó que era una forma de darle las gracias. Rio y otro grupo de burbujas nadó hasta la superficie. Después subió ella, sin ganas de abandonar aquel paraíso submarino.

Paseó por los pasillos todavía mojada y con el traje de neopreno puesto. Se hizo una coleta alta con el poco pelo que tenía y corrió hasta el vestuario. Abrió su taquilla, se quitó el neopreno y se puso una sudadera gris con el logo del acuario y unos pantalones negros, seguidos de sus converse rojas. Después salió con la fregona y secó un poco las huellas mojadas que había dejado en el camino. Ya le habían dicho que no corriera descalza y mojada por allí, pues podían verla los clientes; pero ella todavía hacía ver que olvidaba la toalla y los zapatos. Le gustaba sentir el agua en sus pies.

Una vez secado el suelo, se acercó a las pequeñas peceras en las que permanecían los animales enfermos, o aquellos que se habían hecho alguna herida en las piscinas. Había una tortuga muy grande y muy mayor también, tenía un arañazo bastante grande en el caparazón, y otro en una de sus patas delanteras. Cuando ella consiguió el trabajo, la tortuga ya estaba allí, y no sabía cuándo iba a recuperarse, pero ella lo deseaba con todas sus fuerzas.

     ¡Hola pequeñaja!— le dijo a la tortuga—. ¿Cómo estás hoy, bonita?— rodeó la pecera lentamente, acercando la cara al cristal para verla mejor—. No te preocupes, yo te veo genial.

Un ruido tras la mesa con los distintos informes sobre los animales enfermos la distrajo. Miró lentamente la mesa, aguantando la respiración. Después se puso de puntillas e intentó divisar algo bajo esta, pero no lo consiguió; volvió a apoyarse sobre sus talones y dio un paso hacia delante, seguido de otro más rápido, casi un salto. Al no ver, nada, lo dejó pasar; después se observó en el espejo que había frente a ella y sacó la lengua; sonrió.

   ¿Qué haces?—Lilit dio un salto, asustada, golpeándose la espalda contra el armario. Miró la mesa, pero no vio a nadie. Volvió a mirar a ambos lados de la mesa, pero nada. Miró a la tortuga, extrañada. Después vio algo moverse en el espejo. En el reflejo, bajo la mesa, justo en el centro de esta, había agachado un chico de pelo negro.

     ¿Que qué hago? ¿Qué haces tú?— cogió la fregona con la que había limpiado anteriormente el suelo, y se arrimó más al armario. Después apuntó la fregona hacia él y le hizo señas para que se levantara—. Sal de ahí.

     ¿Vas a darme un fregonazo?— dijo él riendo. Después asomó la cabeza y ella pudo verle al fin la cara. Sus ojos azules eran difíciles de pasar por alto, pues eran de un azul muy intenso. Su pelo negro caía sobre uno de ellos, y lo llevaba despeinado y alborotado— No quiero desobedecerte, créeme, pero estoy intentando librarme de alguien. ¿Te importa si… me quedo aquí un ratito?

     ¿Que si me importa? ¡Pues claro que sí! ¿Se puede saber cómo has entrado? ¿Y de quién te estás escondiendo?— Cogió con más fuerza la fregona, sintiéndose un poco estúpida por no tener nada mejor con lo que protegerse—. Como mi jefe te vea aquí y me vea a tu lado creerá que te he dejado pasar yo, y me gusta mucho este trabajo, ¿sabes?

     ¡Cálmate!— volvió a reír. Después se pasó una mano por el pelo, dejándolo atrás— La verdad es que me he escapado del correccional— Lilit abrió los ojos, asustada, y de pronto la idea del fregonazo no le pareció tan absurda. Él, al ver su expresión, salió de debajo de la mesa y puso las manos en alto—. Bueno, no es del todo un correccional. Digamos que es a donde te mandan tus padres cuando se cansan de no saber dónde te metes— Lilit frunció el ceño. Cada vez le parecía más extraño—. En fin, esto es lo que pasa por faltar a clase y desaparecer por las noches. No soy un asesino, borra esa cara.

     Es mi cara— Le miró con enfado. Él rio, de nuevo. A Lilit le gustó que no dejara de reír—. ¿Qué hacías en el acuario?

     Pues hoy tocaba visita. Suelen llevarnos a sitios estúpidos muy de vez en cuando, me siento como un crío.

     Este sitio no es estúpido, tú lo eres. Lárgate a esconderte a otra parte, ¿vale?— El chico desconocido cambió su expresión. Dio un paso hacia ella.

     Lo siento, no… No quería decir eso. De hecho me gustan mucho los pececitos y todas esas cosas viscosas— dijo sonriendo—. ¡Es broma! Estoy seguro de que no me gustan tanto como a ti— Ella intentó verle con buenos ojos. Iba a sonreír, pero él siguió hablando— ¿De verdad estabas hablándole a una tortuga? ¡Qué mona!— soltó una carcajada.

     Bueno, esa no es la cuestión— dijo ella sonrojada. Volvió a amenazarle con la fregona— ¿Te importaría ir a esconderte a una basura o algo así? Intento trabajar— Él frunció el ceño, y de pronto su expresión se entristeció ligeramente. Aun así, Lilit aguantó y mantuvo la fregona a la misma altura.

     Ah, claro. Bueno, yo… Emm, buscaré otro lugar, entonces— su sonrisa no llegó a sus ojos. Un ruido proveniente del pasillo la alarmó. Venia alguien.

     Mierda. ¡Corre! Métete ahí debajo— Lilit lo empujó hacia la mesa. Él se metió allí debajo y al instante, Kate abrió la puerta. Lilit le sonrió, y le saludó con la cabeza; no se llevaban demasiado bien. 

     Sólo venía a buscar la fregona— Lilit asintió. Kate la miró extrañada—. ¿Me la das o qué?

     ¡Ah! Claro, toma— La soltó, sin acordarse de que todavía la tenia en las manos. 

     Gracias… —Kate le lanzó una mirada de odio—. Por cierto, me ha dicho Jake que andan buscando a un loco pirado del correccional por el acuario, se ve que se ha escapado o no sé qué historias— Lilit se hizo la sorprendida—. No has visto nada, ¿no?— Negó con la cabeza—. No sé por qué pregunto — Después volvió a salir por la puerta tras un “rara” en susurro.

     Idiota— Suspiró y se agachó— .Está bien, puedes quedarte ahí si quieres, pero yo seguiré con lo mío— Él la miró y sonrió ampliamente. Después estiró la mano y le dijo su nombre.


*Y así es como Lilit y cierto chico, al que ella ha querido recordar con el nombre de Azul, se conocieron.

jueves, enero 12

— Azul, me gusta mucho el color azul.

— ¿Cómo dices?

— Azul —repitió él.

Le resultó curioso, pues azul era el color de sus ojos. Se sorprendió a sí misma contemplando estos intensamente, perdiéndose en el mundo que estos escondían, un mundo repleto de miles de fibras azul cristalino que te enredaban y te invitaban a permanecer allí.

— ¿Sabes qué significa?— preguntó. Ella miró entonces sus labios, todavía un poco distraída.

— ... ¿El qué?— estos se curvaron en una media sonrisa, la cual le resultó exageradamente atractiva.

— El azul— respondió. De repente sintió que se había perdido en la conversación. Se sonrojó—. Como el inmenso y oscuro mar durante la noche, según he oído... — la miró—. Representa tranquilidad.

— ¿Crees en esas cosas?— Abrazó con fuerza su cuerpo, frío a causa de la lluvia. Ni si quiera recordaba cómo había empezado aquella conversación.

— ¿Y tú?— Ella desvió la mirada. La lluvia no cesaba, la tormenta estaba justo encima y ella quería salir de allí.

— Yo no creo en nada— dijo tajante. Metió una de sus manos en el bolsillo y sacó un paquete de tabaco, cogió un cigarrillo y se lo puso en la boca. Lo guardó y buscó un mechero en el otro, pero se le enredaba la mano y no lo encontraba. Soltó un suspiro. Una pequeña llama apareció ante ella.

— Fumar no es bueno para la salud— dijo encendiéndole el cigarro.

— ¿Lo has deducido tú solo? ¿O has aprendido a leer?— el rió. Después se pasó una mano por el pelo y cogió el cigarrillo que permanecía escondido tras su oreja. Lo encendió y aspiró con fuerza. La miraba mientras soltaba el humo, muy fijamente, casi de manera divertida.

— No pareces muy feliz, ¿sabes?— Lilit lo miró con rabia. El pozo sin fondo de su pecho se hundió un poco más. Dio una larga calada a su cigarrillo y, tras pensárselo dos veces, se colocó la capucha y salió corriendo de aquel garaje tras un "No tengo motivos para serlo". Se alejó de todo, como solía hacer. Se alejó de él... Se alejó de la verdad.